Produce mejores tomates con suelo fortificado con abonos orgánicos

Produce mejores tomates con suelo fortificado con abonos orgánicos

El tomate es una de las hortalizas más cultivadas del mundo, con un alto valor económico apreciable; en México es el segundo cultivo hortícola solo después del chile verde. Tan solo en el año 2015 México obtuvo 1,814 millones de dólares por sus exportaciones de tomate, superando a los Países Bajos, uno de los grandes países productores.

Sin embargo, aunque la producción de tomate en México creció a una tasa promedio anual de 3.3% entre 2005 y 2015, con un total de 3.1 millones de toneladas, durante este período la superficie total destinada a este cultivo disminuyó a una tasa promedio anual de 3.8%.

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En 1980 se sembraron 85,500 hectáreas, en 2000 había 75,900 hectáreas y en 2015 se sembraron 50,596 hectáreas. Esta tendencia a la baja en la superficie sembrada se debe a que la superficie cultivada a cielo abierto sufrió un decremento.

Tomate saladette fertilizado con abonos orgánicos diversos (abonos fermentados, lombricomposta y caldos microbiológicos)

Muchos autores apuntan esta disminución al mal uso de los fertilizantes químicos, insecticidas, herbicidas, etc. y sus efectos directos e indirectos en la degradación de la estructura y la microbiología benéfica del suelo, gran solubilizadora de nutrientes. Es por eso que se han adoptado nuevas tecnologías de producción como es la agricultura protegida, pero ésta no queda exenta del ataque de enfermedades.

Además, partiendo de la premisa de producir alimentos sanos y que sean nutracéuticos, no pueden generarse de sustratos inertes o del agua donde se pone una solución nutritiva supuestamente balanceada; los alimentos nutritivos siempre deben proceder de suelos sanos con altas relaciones ecológicas donde se genere solubilidad nutrimental.

Además, todos los seres vivos incluyendo al ser humano, estamos vinculados al carbono, por lo que todo lo que consumimos debe proceder de cuerpos vinculados al carbono y el mayor cuerpo vinculado al carbono es el suelo. Es evidente entonces que unas buenas relaciones ecológicas así como una suficiente solubilidad nutrimental en el suelo se basan en la aplicación de abonos orgánicos combinados de alta calidad (abonos fermentados, lombricompostas, caldos microbiológicos, fosfitos y harina de rocas etc.)

En este sentido, Luna et al., en el año 2016 mencionaban que la aplicación de abonos orgánicos favorece la producción del cultivo del tomate, alcanzando valores mayores en el número total de frutos con el tratamiento humus de lombriz más ácido húmico, seguido de bocashi más agrostemin, y este efecto está relacionado con beneficios a nivel fisiológico que incluyen el alargamiento celular, la diferenciación vascular, y desarrollo de la producción [Ramos y Terry, 2014].

La adición de abonos orgánicos diversos de buena calidad ha permitido generar cultivos de tomate rentables y competitivos en el mercado en cuanto a peso y calidad, además de otras ventajas muy apreciables.

Mayor enfoque en el valor nutritivo de los cultivos

La adición de abonos orgánicos cobra cada día mayor interés como medio eficiente de reciclaje racional de nutrimentos, que ayudan al crecimiento de las plantas de tomate y devuelven al suelo muchos de los elementos extraídos durante el proceso productivo.

Por otra parte, el uso de abonos orgánicos de alta calidad sería una excelente alternativa para la producción de hortalizas orgánicas con mayor contenido fitoquímico [Preciado et al., 2011]; además los abonos orgánicos de buena calidad son de tamaño fino, con alta porosidad y por ende aireación y drenaje y, a su vez, una alta capacidad de retención de agua.

Asimismo, los abonos orgánicos bien hechos tienen reducidas cantidades de sales solubles, mayor capacidad de intercambio catiónico y un elevado contenido de ácidos húmicos totales [Fortis et al., 2012]. También los abonos orgánicos contribuyen a mantener una biodiversidad de organismos y se puede encontrar una buena relación carbono/nitrógeno, como lo menciona Bansal y Kapoor en el 2000.

No cabe duda de que con la fertilización con abonos orgánicos se pueden lograr buenas cosechas en el cultivo de tomate y lograr tomates funcionales desde el punto de vista nutricional; es decir, que aporten al organismo determinadas cantidades de vitaminas, grasas, proteínas, hidratos de carbono y otros elementos necesarios, por lo que se podría llegar a producir alimentos altamente nutritivos que potencialmente contribuirían a mejorar la calidad y mantenimiento de la vida y la salud, o a la prevención de enfermedades [Pérez-Leonard, 2006].

El camino hacia la recuperación de suelos incluye abonos orgánicos

En el norte de México (experiencias propias) se tienen avances muy significativos, ya que se han logrado equilibrar suelos degradados en un periodo relativamente corto — nueve meses aproximadamente — con la adición de abonos orgánicos diversos de buena calidad.

Los abonos orgánicos constituyen un elemento crucial para la regulación de muchos procesos relacionados con la productividad agrícola; son bien conocidas sus principales funciones como sustrato o medio de cultivo, cobertura o mulch, mantenimiento de los niveles originales de materia orgánica del suelo y complemento o reemplazo de los fertilizantes de síntesis. Este último aspecto reviste gran importancia, debido al auge de su implementación en sistemas de producción limpia y ecológica [Medina et al., 2010].


BIBLIOGRAFÍA

Bansal, S. y K.K. Kapoor (2000). Vermicomposting of crop residue and cattle dung with Eisenia foetida. Bioresource Technology 73: 95-98.

Fortis Hernández, M., P. Preciado Rangel, J.L. García Hernández, A. Navarro Bravo, J. Antonio González y J.M. Omana Silvestre (2012). Sustratos orgánicos en la producción de chile pimiento morrón. Revista Mexicana de Ciencias Agrícolas 3: 1203-1216.

Luna, M.;  Reyes, P., Espinosa C., Marcelo., Luna, Q.,  Celi, M., Espinoza, Coronel., Rivero, H., Cabrera, B., Alvarado, M., González, R. 2016. Efecto de diferentes abonos orgánicos en la producción de tomate (Solanum lycopersicum, L). Biotecnia, 3: 33-36.

Medina, L. A.; Monsalve, Ó. I. y Forero, A. F. 2010. Aspectos prácticos para utilizar materia orgánica en cultivos hortícolas. Ciencias Hortícolas, 4 (1):109-125.

Pérez Leonard, H. (2006). Nutracéuticos: componente emergente para el beneficio de la salud. ICIDCA Instituto Cubano de Investigaciones de los Derivados de la Cana de Azúcar. Cuba 40: 20-28.

Preciado Rangel, P., M. Fortis, J.L. García Hernández, E. Rueda, J.R. Esparza, A. Lara, M.A. Segura y J. Orozco (2011). Evaluación de soluciones nutritivas orgánicas en la producción de tomate en invernadero. Interciencia 36: 689-693.

Ramos, D.; Terry, E. 2014. Generalidades de los abonos orgánicos: Importancia del Bocashi como alternativa nutricional para suelos y plantas. Cultivos Tropicales, 35 (4): 52-59.