Rendimiento y calidad de 3 portainjertos injertados bajo un cultivar de pimiento

La producción de pimiento (Capsicum annuum L) en la provincia de Almería (España) se estima entre 1.70 y 1.90% de la producción mundial, un 38% de la producción de pimiento de la UE. Dada la importancia del cultivo, se realizó un experimento para evaluar el comportamiento de tres portainjertos durante dos años consecutivos en campañas de otoño-invierno.

Se utilizaron cuatro tratamientos con tres repeticiones de cada uno, con un total de 12 parcelas elementales distribuidas en bloques al azar. Tres de los tratamientos, corresponden a plantas injertadas sobre los portainjertos comerciales Oscos, AR40 y Tresor, mientras que el cultivar injertado sobre ellos fue Bily (pimiento tipo California), utilizando éste mismo cultivar sin injertar como tratamiento control. Se tomaron datos de rendimiento medio (kg·m-2 y kg/planta), así como parámetros de calidad del fruto, encontrándose diferencias significativas entre los diferentes tratamientos injertados y el control en varios de los parámetros analizados.

Injerto contra limitantes de producción

El sistema de cultivo mayoritario de la región (suelos arenados bajo invernadero) hace que en muchas explotaciones se cultive en régimen de monocultivo, surgiendo una serie de problemas de fatiga del suelo y aparición de enfermedades, que han influido directamente en el crecimiento y rendimiento del cultivo. Las enfermedades de suelo son los principales problemas limitantes de producción comercial en la mayoría de los ecosistemas. El principal patógeno radicular asociado a los cultivos de pimiento en la región es Meloidogyne incognita, siendo la principal enfermedad fúngica radicular Phytophthora capsici.

El Bromuro de Metilo ha sido usado como sistema de control para P. capsici y M. incognita, pero su uso está actualmente prohibido en todo el mundo desde el 2015. Por todo ello, el injerto sobre portainjertos resistentes, ofrece uno de los mejores caminos para evitar las enfermedades de suelo. De hecho, el injerto se ha convertido gradualmente en la técnica más común y forma más efectiva para el control de las enfermedades del suelo.

Charola de pimiento injertado

Existen investigaciones que aportan otras ventajas añadidas del injerto, tales como la inducción de mayor vigor a la planta como resultado de mayor eficiencia en la obtención de agua y nutrientes, aumentando el rendimiento total.

Consideraciones sobre el injerto en pimiento

Puesto que una de las características más reseñables de las plantas injertadas es su mayor vigor, es imprescindible determinar la densidad de plantación adecuada al nuevo sistema de cultivo para así evitar una disminución de la producción y siempre manteniendo los niveles de calidad.

Las altas densidades de plantación usadas en el cultivo de pimiento, justifica mucho más que en tomate, sandía y melón, que se produzca reducción en la densidad de plantación.

Al hecho de que el uso del injerto en pimiento no está tan extendido como en otros cultivos hortícolas, hay que añadir que se ha prestado muy poca atención a cómo el uso de diferentes portainjertos puede afectar a la calidad de la fruta en este cultivo, aunque existen trabajos recientes que indican que ciertas combinaciones portainjerto-variedad pueden aportar ventajas en cuanto a mayor rendimiento y mayor calidad del fruto de pimiento cosechado.

La elección del portainjertos es considerada como un factor esencial, ya que el costo añadido que genera al productor el uso de planta injertada con respecto a la planta franca, debe ser compensado con menores densidades de plantación a las utilizadas habitualmente cultivares sin injertar. Es necesario elegir un portainjertos con las características adecuadas de vigor, tolerancias a estreses abióticos, o resistencia a determinadas enfermedades o plagas del suelo.

Todas estas características, deben ser acompañadas por una perfecta compatibilidad entre portainjertos y variedad. Estos argumentos explicarían la baja implementación de esta técnica en el cultivo de pimiento en España y, justifican el planteamiento de este experimento.

El área de crianza de la planta en el semillero fue un invernadero con estructura multitúnel cubierto con polietileno tritérmico de 3 años de duración. La nutrición consistió en aplicar una solución nutritiva, comenzando con CE de 1 dS·m-1, aumentando paulatinamente hasta llegar en pleno desarrollo de planta injertada en semillero a 2.5 dS·m-1. El pH de la solución nutritiva se ajustó a 5.8.

El método de injerto utilizado fue de “empalme,” y se realizó cuando las plántulas que iban a ser utilizadas como cultivares tenían 4 hojas verdaderas y el diámetro de la planta utilizada como portainjertos tenía el mismo diámetro que la planta utilizada como cultivar.

La operación de injertado se hizo a los 25 días tras la siembra. La planta estuvo en el semillero hasta los 58 días después de la siembra bajo condiciones ambientales controladas.

El invernadero donde se realizó el trasplante para el desarrollo del experimento tenía estructura multitúnel, con 4,5 m de altura a la canal, cubierto por polietileno translúcido de 200 micras de grosor. El suelo estaba arenado, sistema mayoritariamente utilizado en el Sureste español. El análisis del extracto saturado mostró valores de pH de 7.7 y CE de 1.94 dS·m-1. Las concentraciones de los distintos elementos encontrados en el extracto saturado en mmol·L−1 fueron de 3.19 de Ca2+, 3.99 de Mg2+, 7.54 de Na+, 6.44 de Cl−1 y 5.20 de HCO3−1. La fertirrigación se realizó usando sistema de riego por goteo, con goteros autocompensantes de 3 L·h-1 de descarga, donde se aplicó la siguiente solución nutritiva en mmol·L−1: 12 de NO3−, 1.5 de H2PO4−, 1.5 de SO42−, 6 de K+, 5 de Ca2+ y 2 de Mg2+.

El suelo del invernadero fue analizado antes del comienzo de cada experimento por el Laboratorio de Patología de la Universidad de Almería, donde no se encontró presencia de ningún patógeno.

Se diseñó un experimento de bloques al azar con cuatro tratamientos diferentes y tres repeticiones de cada uno, obteniéndose un total de 12 parcelas elementales para el estudio.

El tratamiento usado como control fue el cultivar Bily sin injertar de Syngenta. El resto de los tratamientos fueron Bily injertado sobre tres portainjertos comerciales: Atlante (Oscos) y AR-96040 (AR40) comercializados por Ramiro Arnedo y Tresor F (Tresor) de Nunhems. Para estandarizar el consumo de los recursos disponibles por planta durante todo el ciclo de cultivo, tales como disponibilidad de agua, nutrientes aportados e intercepción de luz, se tuvieron en cuenta diferentes correcciones en el diseño del experimento.

Durante todo el ciclo cada planta fue irrigada con un único gotero, además se practicó una poda diferencial, en la cual se buscó obtener el mismo número de tallos principales. El tratamiento control, sin injertar, estaba plantado con una densidad de 2.3 plantas/m2 y fue conducido con dos tallos, obteniendo una densidad total de 4.6 tallos/m2. Los tratamientos injertados, tuvieron una densidad de plantación de 1.6 plantas/m2 y fueron conducidos a 3 tallos con una densidad total de 4.8 tallos/m2 (tabla 1).

Los diferentes tratamientos, número de plantas utilizadas, superficie de la parcela elemental, densidad de plantación y tallos se pueden apreciar en la tabla 1.

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Tablas

Tabla 1: Descripción de tratamientos y parcelas elementales

En cada una de las recolecciones, los parámetros medidos fueron: rendimiento total acumulado y peso individual, longitud, ancho en extremo peduncular y grosor de paredes de fruto (pericarpo). Los calendarios de cosecha en las dos campañas se pueden observar en la tabla 2. Las diferencias entre tratamientos fueron determinadas utilizando un análisis de la varianza multifactorial (ANOVA),  donde se observaron las diferencias significativas (P valor < 0.05) entre los distintos tratamientos.

Tabla 2: Calendario de recolección
Tablas

Resultados y discusión

a) Rendimiento comercial acumulado por superficie: El comportamiento de los diferentes tratamientos en cuanto a su rendimiento (kg·m-2) siguió la misma tendencia durante los dos años en los que se hizo el experimento. Aunque durante el primer año no se obtuvieron diferencias significativas, tanto en el segundo año como en el conjunto de los datos, sí se obtuvieron diferencias significativas entre tratamientos, siendo el control T0 (Bily sin injertar), el de mayor rendimiento (6.37 kg·m-2), mientras que el T3 (Bily/Tresor) fue el que menor producción obtuvo 5.31 kg·m-2. (tabla 3).

b) Rendimiento comercial acumulado por planta: La tendencia en los datos obtenidos de los diferentes tratamientos fue la misma. No obstante, aunque durante el primer año no se obtuvieron diferencias significativas entre tratamientos, sí se observaron en el segundo año, así como en su conjunto. Existieron diferencias significativas entre el T0, 2.74 kg/planta, con el resto de los tratamientos, hasta 3.36 kg/planta de T3, (tabla 3).

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Tabla 3: Rendimientos totales acumulados de fruta comercial por m2 y por planta, obtenida en los diferentes tratamientos en los distintos experimentos llevados a cabo en diferentes campañas

c) Peso del fruto: Se observan diferencias en el comportamiento de los distintos tratamientos en los distintos años de desarrollo del experimento. El peso medio del fruto durante el segundo año fue claramente superior al del primero, en el que además no se observaron diferencias significativas entre los diferentes tratamientos, aunque T0 fue el que mostró un mayor peso del fruto con 216 g. El tratamiento con menor peso medio del fruto fue el T2 (Bily/AR40) con 205 g (tabla 4).

 

Longitud del fruto. En el primer año T3 con 89 mm mostró diferencias significativas con el resto de los tratamientos. El segundo año, el T0 fue el que mostró mayor longitud de fruto con 98 mm, mostrando diferencias significativas con el resto de los tratamientos (tabla 4).

Tabla 4: Datos relacionados con parámetros de calidad de fruta: Peso, longitud, diámetro fruto extreme peduncular y grosor de la pulpa. Los datos obtenidos representan los diferentes tratamientos en los distintos experimentos llevados a cabo en diferentes campañas.

Diámetro del fruto en su extremo peduncular: En el segundo año y, en el conjunto de los datos de las dos campañas, se observaron diferencias significativas entre tratamientos. T0 obtuvo el mayor diámetro con 84 mm, seguido del T3 con un valor de 83 mm (tabla 4).

Grosor del pericarpo: Se observaron diferencias significativas en este parámetro en el segundo año y en el conjunto de los datos, siendo el T0 el que menor valor dio con 6.6 mm (tabla 4).

Al igual que nos sucedió en experimentos anteriores, así como a otros investigadores, los resultados expuestos indican que el efecto del injerto, en cuanto a producción comercial, depende del portainjertos utilizado. Ese efecto no solo se ha visto en pimiento de diferentes tipos; también se ha observado en tomate y sandía.

Otros investigadores obtuvieron mayores rendimientos en cuanto a la producción de fruta comercial de pimiento en el área mediterránea, si injertaban la planta de pimiento y se bajaban las densidades de plantación. Se puede por tanto deducir que una menor densidad de plantación en los tratamientos en los que se ha empleado un portainjertos comercial, se ha visto compensado con una mayor producción por planta. Este dato es coincidente también con los resultados obtenidos por nuestro equipo en cultivo de sandía. El hecho de que la menor densidad se vea compensada con un entutorado diferente, sin que se vea afectada la producción, puede indicar que el portainjertos aporta mayor vigor a la planta, hecho que ya ha sido explicado en melón por nuestro Grupo de Investigación.

De los datos obtenidos en cuanto a calidad de fruta, si observamos que T0 obtiene la mayor producción por unidad de superficie, podría ser debido al peso del fruto, ya que presentan los datos con mayor longitud, mayor diámetro penduncular y mayor grosor de pericarpo los dos años, aunque los datos del primer año es T3 (Bily/Tresor) el que los obtuvo para peso y longitud del fruto, pero con diferencias mínimas. Estos datos coinciden plenamente con los obtenidos para la combinación en la que se utilizó Tresor como portainjertos en experimentos nuestros con otros tipo de pimiento. Los resultados reflejan la tendencia observable en otros trabajos realizados por nuestro grupo en cultivos de sandía mini (personal), sandías triploides injertadas y melón injertado; de los cuales se deduce que estos parámetros son fuertemente influenciados por el portainjertos utilizado.

Hay investigadores que apuntan a que el portainjertos induce cambios en la forma de la fruta del pimiento dulce. Sin embargo fue en el segundo año del experimento en el que el tratamiento T0 marcó las diferencias con gran claridad, posiblemente porque la temperatura del segundo año, con mínimas nocturnas más altas y temperaturas máximas diurnas menos extremas, influyera en los resultados obtenidos. La influencia de que las condiciones ambientales puedan repercutir en los resultados, ya fue puesta de manifiesto por otros grupos de trabajo comparando los resultados obtenidos en longitud y ancho del fruto así como en el grosor del pericarpo.

Conclusiones

El rendimiento obtenido por unidad de superficie no depende de que la planta esté o no injertada.

Entre los portainjertos utilizados, las frutas obtenidas cuando se utilizó Tresor como portainjertos, mostraron los mejores resultados en longitud del fruto.

Una buena elección del portainjertos mantiene las producciones obtenidas por el cultivar sin injertar, pudiendo mejorar en algunos casos las características comerciales del fruto.


Los autores del artículo son Francisco Doñas Uclés, María del Mar Jiménez Luna, José Antonio Góngora Corral, Diego Pérez Madrid, David Verde Fernández y Francisco Camacho Ferre; AGR-200 – CIAIMBITAL – Universidad de Almería – España

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